The Libertines + Iggy Pop: debut nacional

The Libertines e Iggy Pop llegaron juntos para presentarse por primera vez en nuestro país. El cuarteto de Londres se reunió el 2014 para lanzar un año después Anthems for The Doomed Youth, un disco que se gestó luego de que Pete Doherty culminara su proceso de rehabilitación en Tailandia, país donde viajó Carl Barât y compañía para grabar su tercera placa.

“La Iguana”, mientras tanto, llegó con Post Pot Depression bajo el brazo, un álbum donde se unió a reconocidos músicos como Josh HommeQueens of The Stone Age–, Matt Helders­Arctic Monkeys– y Dean Fertita ­–también de Queens of The Stone Age­–. El resultado: un trabajo que le hace honor a su nombre en su máximo esplendor, la depresión del ocaso de la vida que le rinde homenaje al desaparecido David Bowie.

El primer acto internacional vino de la mano de The Libertines frente a un público tibio que a esas horas aún no llenaba el Movistar Arena –recinto que tuvo que reducir su capacidad debido a la baja venta de entradas– y que fue llegando lento conforme avanzaba la presentación de los británicos. Doherty y Barât son, sin dudas, las estrellas y el show gira en torno a su bromance, especialmente cuando queda en evidencia que varias de las canciones de su último álbum están dirigidas a ellos mismos.

Con un setlist que estuvo principalmente enfocado en su primer –Up the Bracket– y último álbum, el show se caracterizó por estar bajo las expectativas, lo que puede haber estado influenciado por la cuestionable condición en la que Doherty se paró sobre el escenario. Si bien la banda nunca se ha caracterizado por presentaciones perfectas, y ese carácter especial es la razón por la que sus fans los adoran, Pete a ratos parecía ido mientras que en otros se mostraba eufórico. Tanto fue así que pateó el pedestal de su micrófono, el que terminó cayendo sobre nuestra fotógrafa.

Pese a que su paso por diferentes arenas del Reino Unido y Europa estuvieron bien catalogadas en diversos medios a comienzos de este año, lo que pasó en Chile está más cerca de que hubo muy poco que exhibir; una presentación que no estuvo muy  alejada de lo que mostraron hace un año en Lollapalooza Berlín, y que tuvimos la oportunidad de presenciar. Puntos extra por la buena onda de Carl Barât que se disculpó por el papelón de su amigo.

Lo de Iggy Pop fue todo lo contrario. Incansable, enérgico y salvaje, el músico de 69 años salió saltando al escenario y presentó un extenso show que dejó contenta a toda la fanaticada. El precursor del movimiento punk desde comienzo de los 70 domina las luces a la perfección, con una confianza que todavía lo hace salir a torso desnudo donde sea que se presenta.

“Dicen que la muerte te mata. Pero no es la muerte lo que te mata. Lo que te mata es el aburrimiento y la indiferencia”, dice James Newell Osterberg, Jr. –el verdadero nombre de Iggy Pop– en el documental Gimme Danger, la bandera de lucha del hombre originario de Michigan que lo eleva a la categoría de los últimos sobrevivientes de esa temida época.

Su show a ratos parecía salido de un cabaret, con un telón centelleante y mucho terciopelo. El sello, su cinturón de brillantes que se movía al compás de sus contorneos que le han valido su apodo. Desde comienzos de este año se rumorea que esta es la última gira de “la iguana”, probablemente la razón por la que lo vimos entregar todo sobre el escenario, donde se desplazaba como una muñeca de trapo. De lado quedó el detalle de ser un cantante impaciente que gusta improvisar y cambiar la melodía de sus canciones, la noche del lunes vimos a un Iggy más contenido vocalmente que daba la impresión de un último adiós en su primera presentación en Chile.

Puedes ver la galería de imágenes a continuación.

 

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